El manto (de Un día común y corriente)
Sea acá, sea allá, no hay con qué darle, ¡está por todos lados! No hay forma de ocultarse cuando todos estamos debajo de su manto, invisible al camuflarse sobre nuestros cuerpos sudoríficos, a excepción de aquellos capaces de burlar su guardia en horarios de verano. Por las noches, cada que ésta logra dormirse, dándonos un respiro, pareciera que por fin podemos vivir en condiciones u, al menos, hasta que vuelva a retomar su vuelo por sobre nuestras cabezas: algunas hirviendo y otras resquebrajándose por entre trapos húmedos y shots de agua fría, condensados al instante. El aire no hace sino empeorar aun más las cosas y las ventanas, en contacto con la exposición lumínica, han incendiado ya más de veinte hogares distintos, todos reducidos a cenizas. Los pulmones verdes agonizan a la par; todo, absolutamente todo está debajo su manto y, de las cuatro, es de nosotros la menos estimada. Hay quienes, durante el día, llevan a s...