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Mostrando las entradas con la etiqueta Narrativa; Un día común (y corriente)

El manto (de Un día común y corriente)

         Sea acá, sea allá, no hay con qué darle, ¡está por todos lados! No hay forma de ocultarse cuando todos estamos debajo de su manto, invisible al camuflarse sobre nuestros cuerpos sudoríficos, a excepción de aquellos capaces de burlar su guardia en horarios de verano. Por las noches, cada que ésta logra dormirse, dándonos un respiro, pareciera que por fin podemos vivir en condiciones u, al menos, hasta que vuelva a retomar su vuelo por sobre nuestras cabezas: algunas hirviendo y otras resquebrajándose por entre trapos húmedos y shots de agua fría, condensados al instante. El aire no hace sino empeorar aun más las cosas y las ventanas, en contacto con la exposición lumínica, han incendiado ya más de veinte hogares distintos, todos reducidos a cenizas. Los pulmones verdes agonizan a la par; todo, absolutamente todo está debajo su manto y, de las cuatro, es de nosotros la menos estimada.      Hay quienes, durante el día, llevan a s...

Un ramo de acianos para la mujer de ocho pies de altura (de Un día común y corriente)

         Aciano se torna la bóveda celeste al anochecer y azabache — como la longitud de su sombra expuesta a las irradiaciones solares del medio día — se vuelve el aire de la dama nocturna que retoma su búsqueda donde la dejó por vez última y allí, sobre el pueblo, comienza a formarse la tormenta.          Fue allí también cuando las aves mensajeras me alcanzaron tu recado e hice con el un cuenco para guardar cartas y lágrimas vueltas pequeñas joyas de opar las cuales, como el resto del jardín, brillan por las tardes de verano y palpitan, a su vez, con un ritmo ajeno a los fenómenos cotidianos, expandiéndose por entre la casa como fragmentos de un anuncio futuro.          Dudé al pensarlo, pero sí, finalmente cederé y acudiré a tus manos en tan exorbitante compromiso. Jamás supe de otra persona que haya soñado con lo mismo pero dentro de las próximas semanas ser...