Flor de princesa de hoja plateada
No creí que volvería a referirme a ustedes pero no es sólo en el paisaje u en los fenómenos naturales donde vuelvo, por entre el lirio de los valles, a vislumbrarlos como una suerte de leones-cebrados o perfectos círculos de fuego (allá, sobre la cima del cerro) o como santos con metralletas, pues toda resonancia eólica pareciera traer consigo probabilidad (o ilusión) de lluvia y de descargas eléctricas y de gustosa fatiga (una vez resuelta la tormenta); y recuerdo que todo muerto merece, al menos, una flor o un buche de vino o un alfiler según lo que el espejo muestre, a su vez, de uno y de todo aquello que reside entre la guillotina de la memoria y el olvido (esperando pacientemente su veredicto): es allí donde algunas ideas mutan en lombrices y otras en enredaderas y otras en loros hijos del alba y de la sombra de las palmeras y pienso: «¿dónde estará, pues, mi estrella? ¿acaso será aquello que brilla en medio ...