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Mostrando las entradas con la etiqueta Prosa; Debajo la hiedra

Flor de princesa de hoja plateada

  No creí que volvería a referirme a ustedes pero no es sólo en el paisaje u en los fenómenos naturales donde vuelvo, por entre el lirio de los valles, a vislumbrarlos como una suerte de leones-cebrados o perfectos círculos de fuego (allá, sobre la cima del cerro) o como santos con metralletas, pues toda resonancia eólica pareciera traer consigo probabilidad (o ilusión) de lluvia y de descargas eléctricas y de gustosa fatiga (una vez resuelta la tormenta);   y recuerdo que todo muerto merece, al menos, una flor o un buche de vino o un alfiler según lo que el espejo muestre, a su vez, de uno y de todo aquello que reside entre la guillotina de la memoria y el olvido (esperando pacientemente su veredicto):   es allí donde algunas ideas mutan en lombrices y otras en enredaderas y otras en loros hijos del alba y de la sombra de las palmeras y pienso: «¿dónde estará, pues, mi estrella?   ¿acaso será aquello que brilla en medio ...

Álamo plateado

  Una vez te conté el secreto del brillo de los árboles y lo hice porque sabía que no te costaría entenderlo y para mi sorpresa no fue sino tú reacción a la mía lo que me motivó y volví a escribir o no a escribir sino, en cierto sentido, a confesarme y dirás, «¿de qué?» y te diré «de lo que he vivido éstos últimos días» aún así, éste secreto ya no es solo nuestro y no hay nada que yo pueda hacer para contenerlo u apagarlo o callarlo pues de viento hemos estado hambrientos y ahora, que lo tenemos, no seré yo cuchillo u hacha u huevo sino un péndulo más de su movimiento y dirás «¿de qué estás hablando?» y te diré «de mis sueños y de los remotos paisajes que allí he visitado y de los amores que he tenido y de las adversidades por las que he pasado antes de despertar»; te lo digo porque me pareció ver a Tomás correr hacia mí, lo reconocí primero no por su estatura o su torpeza al caminar sino por su pelaje dorado, debajo el sol de invierno, moviéndose por entre ...